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La importancia de las caricias

Magdalena Pulido S.

El experimento es antiguo, pero muy elocuente. Se tomaron chimpancés pequeños. Al frente de ellos se colocaron dos maniquís que representaban a sus madres. Una de ellas estaba cubierta por una áspera rejilla y tenía en sus manos una mamadera. La otra se les presentó como una mamá sin comida, pero cubierta de lanilla. Al poco rato se vio que los monitos preferían apegarse y quedarse con la mamá suave. Con esto se demuestra que el contacto físico es una necesidad primaria fundamental para todos y con mayor razón para los niños.
Tras el tacto

¿Qué es lo que orgánicamente produce una caricia que la hace tan necesaria?
"El roce de piel con piel, entre personas con relación significativa produce una descarga de muchos neurotransmisores a nivel del sistema nervioso central. Así se libera una sustancia que tiene que ver con el placer, la cual es tremendamente aliviadora desde el punto de vista psicológico, explica la psiquiatra Cecilia Ruiz.

Pero la experta añade que el niño acariciado no sólo sale psicológicamente más fortalecido, sino que desde la perspectiva biológica también hay frutos. "Cuando uno nace hay ciertos genes que vienen bloqueados y es la caricia, el mecer y acunar a los hijos, especialmente durante el primer año de vida, la que los desbloquea permitiendo que se expresen a nivel cerebral ciertos elementos que inhiben la tendencia a desarrollar cuadros depresivos o ansiosos en el futuro y a desarrollar mayor capacidad de resistir el estrés". Un niño acariciado es un niño que en el futuro se sentirá seguro de sí mismo y muy sano emocionalmente.

Otro experimento la avala. Se tomaron dos jaulas. Una de ellas se dividió en dos. En el "piso" de abajo, se colocaron ratitas de pocos días de vida, en el de arriba se puso a la rata madre. Los dividía una rejilla, de manera que las ratas pequeñas podían ver y oler a su madre, pero no tocarla. En la otra jaula madre y crías estaban juntas. Cuando las ratitas crecieron se les puso en unos laberintos que contaban con desviaciones para explorar. Resultado: se vio que las crías que habían crecido en contacto con su madre eran exploradorasde su entorno, lo que les permite aprender más, e incluso tenían mejor tamaño y peso. En cambio, aquellas que habían crecido con la madre ahí, pero sin poder tocarla, eran ratas temerosas, que no recorrían el laberinto, ansiosas y con menos capacidad de adaptarse.
A cada cual lo suyo

Lo anterior no significa que haya que estar acariciando a los niños todo el día. Sin embargo, producto del estrés de la vida diaria y también porque los hijos van creciendo, el cariño de contacto entre padres e hijos va en una franca curva de declive. "Se tienden a mantener los afectos verbales, como decir palabras cariñosas, pero se pierde el tacto con ellos, que siempre es bueno mantenerlo. Los padres deben estar siempre disponibles para el contacto y para acoger al niño que se sienta al lado, que los toca y que en definitiva, pide la caricia. Muchas veces los padres pasan por alto esas peticiones porque no hay tiempo, porque no las captan o bien porque es una dificultad presente en varias generaciones anteriores, es decir, son padres que vienen de padres poco acariciadores".

Para enfrentar estas situaciones, y aunque la caricia parece algo tan natural, es bueno de vez en cuando hacer una reflexión en relación a cómo se lo estamos expresando a cada hijo. De hecho, según explica Cecilia Ruiz, es importante que los padres perciban que no todos los hijos son iguales y según su temperamento necesitan distintas "dosis" de contacto físico. "El desafío está en ver qué pasa con cada hijo, cómo se le hace cariño al que es hiperactivo, al que es tranquilo, al que es irritable, al que es brusco, al que te hace rabiar o al que no pide caricias".

Muchas veces los padres, sin darse cuenta, pasan por alto las peticiones de cariño que les hacen sus hijos. Darse el tiempo para ello y captar la importancia de la caricia los hace crecer sanos y seguros.

La mezquindad de las manifestaciones de cariño hacia los hijos puede, sin duda, pasar la cuenta.

PARA QUE LA CARICIA FLUYA

  • Es importante intentar buscar espacios de tranquilidad durante el día. Crear ambientes adecuados con una disminución de los estímulos externos. Así la caricia sale fácil.
  • Si es posible, delegar las labores cotidianas que dificulten la relación con los hijos. Por ejemplo, si hacer las tareas del colegio tensa la relación, ojalá pueda hacerlas con otras personas.
  • Saber sintonizarse con cada hijo según sus necesidades, personalidad y características.
  • Saber sincronizarse con ellos, es decir buscar el momento oportuno. "Obviamente que no es necesario interrumpir un juego; hay momentos del día que son más adecuados". Por ejemplo, al acostarlos.
  • Buscar la forma de expresar el contacto. Hay caricias, pero puede ser también un abrazo al recibirlos en la casa, una "sesión"de peinado o de manicure con las hijas mujeres. Un masaje o hasta la curación de una herida.
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